Evangelizar con la Imagen de la Divina Misericordia

de Marie Barbieri

La primera vez que vine a Frankfurt a misionar hace un par de años para difundir la idea de evangelización y Misericordia me daba mucha timidez usar la imagen de la Divina Misericordia que Nuestro Señor le pidió a la Hermana Faustina que hiciera pintar y dijo "Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias". Este recipiente es esta imagen con la firma : Jesús, ¡en Vos confío ! (Diario § 327). Había notado muchas veces, pues así me lo habían dicho, que para la susceptibilidad alemana la imagen era demasiado primitiva, no artística…kitsch. A menudo decían : "¿No tiene otra foto de Jesús para poner en sus posters ? ¿Algo un poco más estético ?" ¡Cuántos otros se habrán encontrado con la misma reacción en todo el mundo !

En verdad, tuve que aprender a adaptarme a la cultura de aquí. Tuve que aprender que necesitaba conocer a los hombres con la fe que traían, como Jesucristo lo haría y ayudarlos a descubrir Su misericordioso amor con toda clase de recursos (mediante reflexiones de las Escrituras, redescubriendo el Sacramento de la Reconciliación, poniendo un oído compasivo, etc.)

Sin embargo, como la Divina Providencia me ofreció muchas oportunidades para evangelizar entre los pobres, los sin techo y adictos, me encontré usando la imagen más y más como medio para presentar el rostro misericordioso de Jesús como respuesta a sus relatos de sufrimiento y dolor. Al final de cada encuentro sacaba una imagen de Jesús Misericordioso que llevaba en el bolsillo y les preguntaba si podía explicarles lo que la imagen significaba. La imagen me permitía hablarles de Jesús y todo lo que nos ofrece : sus manos extendidas hacia nosotros para bendecirnos, sus ojos para mirarnos con amor, sus pies lastimados que caminan hacia nosotros para atendernos en nuestras necesidades, su corazón lacerado abierto para nosotros para siempre, nunca rechazándonos y los rayos de nueva vida y perdón fluyendo de ese corazón. Descubrí que podía improvisar un pequeño catecismo adaptado para cada situación de vida con el uso de esta imagen simple pero bendita.

Ahora que escribo esto, acabo de llegar de Roma, donde tuve la dicha de estar presente en la primera celebración del Domingo de la Divina Misericordia desde el fallecimiento del Papa Juan Pablo II. Luego de una maravillosa misa celebrada por el Arzobispo Comastri, en la cual alentó a todos en forma apasionada a ser valientes testigos de Misericordia, yo estaba parada afuera de la iglesia de Santo Spirito esperando pacientemente a que comenzara la procesión hacia la Plaza San Pedro. De repente, una señora italiana me da un golpecito en el hombro y me muestra la iamgen de la Divina Misericordia. "¡Ecco. È per te, da Gesù. Diffondela ! Diffondela !" (Tome. Es para usted, de parte de Jesús. ¡Difúndala ! ¡Difúndala !), palabras que me dieron directo al corazón.

¡Y luego algo más increíble sucedió ! Éramos varios cientos para acompañar la imagen de la Divina Misericordia (la que está colgada sobre el altar en la Iglesia de Santo Spirito) en procesión a la Plaza San Pedro. Queríamos llegar a tiempo para la oración de Regina Caeli con el Papa Benedicto. Hicieron falta tres hombres fuertes para llevar la pintura. Yo caminaba junto al hombre que llevaba el marco del lado izquierdo y mientras tratábamos de avanzar lentamente, en procesión y actitud de recogimiento, empujados por al multitud, tuve la increíble gracia de ver la reacción del público circunstancial que se encontraba allí, cuando el Señor Misericordioso Resucitado hizo su entrada solemne en la Plaza. Presencié cómo un profundo silencio se apoderó de cada uno que estaba parado allí mirando. La gente estaba simplemente cautivada por la imagen. Vi gente mirar fijamente su rostro misericordioso como si estuvieran en trance, como si realmente estuvieran comprendiendo el amor de Dios por primera vez. Vi a gente de todas las nacionalidades con lágrimas en los ojos a medida que Él pasaba, visiblemente emocionados por su mirada penetrante y tierna. Vi a un hombre joven detener la marcha varias veces mientras se quedaba parado inmóvil en frente de la imagen. Y como muchos otros que tuvieron la gracia de presenciar ese momento, me conmoví hasta las lágrimas al ver al joven mirar hacia arriba, con los ojos paralizados posados en Jesús que lo miraba a él, mientras le caían lágrimas por el rostro. Era como si Jesús le estuviera diciendo algo. Lo que le dijo, nunca lo sabremos, pero el joven se marchó tan feliz. 

Si tenía alguna duda sobre la gracia de la imagen antes, ciertamente no me queda ninguna ahora. ¡Gracias, Señor