Actitudes interiores para evangelización y misericordia

"Este mensaje consolador de la Divina Misericordia está dirigido sobre todo a aquellos que, afligidos por un castigo especialmente duro o agobiados por el peso de los pecados cometidos, han perdido confianza en la vida y sienten la tentación de caer en la desesperación. A ellos se ofrece el rostro bondadoso de Cristo, los rayos de su corazón los toca y hacen brillar su luz, les da calor, les muestra el camino y les infunde esperanza" Juan Pablo II

Muchos viven con el peso de experiencias dolorosas, rupturas en sus relaciones y todo tipo de adicciones sobre sus hombros. Los errores pasados que parecen irreparables llevan a muchos a ver el futuro en forma negativa. Jesús puede recoger los pedazos rotos de nuestra confianza en el Amor y la Vida hecha trizas, y volver a juntar esos pedazos.

Es cada vez más creciente el número de personas en nuestras sociedades que viven desde hace tiempo en circunstancias muy difíciles. Personas que están separadas o divorciadas, jóvenes que crecen en familias disfuncionales, personas que han perdido o que nunca han tenido contacto con la Iglesia, personas que debieron dejar su patria, todos ellos son la norma hoy, no la excepción. Nuestros esfuerzos pastorales deben ser brindarles una puerta abierta que los inicie en el camino de regreso a los brazos abiertos del Padre. El mensaje de la Divina Misericordia ofrece esa puerta abierta.

Desarrollando nuestra misión como parroquia, grupo o movimiento, la Parábola del Hijo Pródigo puede enseñarnos algunas actitudes útiles para poner en práctica con las personas que conocemos.

Los brazos abiertos del padre hacia su hijo es la actitud esencial : disponibilidad, entendimiento, aceptación y compasión para todos.

→ "Mientras se encontraba lejos, el padre de repente lo vio y se compadeció de él" : necesitamos tomarnos un momento para mirar a alguien y dejar que su sufrimiento toque sus corazones antes de que empecemos a hablar. No debemos nunca perder las esperanzas de que alguien pueda caminar en la dirección que lo conduzca al Padre.
→ La confianza del hijo en su padre le permite regresar a casa con él e implorar su perdón : es importante ofrecerle a la persona que sufre, un clima de confianza en el que pueda acercarse a su Padre Celestial.
→ ¡Celebremos con un banquete ! Es necesario manifestar nuestro amor y alegría en forma explícita cuando saludamos a la persona. Nuestra evangelización debe ser una expresión de genuina alegría.

Nada de esto puede ser vivido sin la presencia del Espíritu Santo. El simple hecho de hablar sobre Dios implica que el aliento Espíritu Santo está actuando en nosotros, Él es el amor personificado, el fruto eterno del Amor entre Dios Padre y Dios Hijo. La única manera en que podemos anunciar la misericordia con amor es permitir que el Espíritu hable, actúe y ame a través de nosotros. Debemos invocarlo en todo momento, y en especial durante cada misión. Debemos prestar especial atención a Su acción en nuestra propia vida diaria, en la Iglesia y en el Mundo.

A menudo no son las ganas lo que nos falta sino las ideas. Y aún en esas circunstancias el Espíritu Santo puede ayudarnos. Él, creador de todas las cosas, es capaz de inspirar nuevas ideas creativas en nosotros. Sin embargo, no debemos olvidar que la forma nunca es tan importante como el mensaje fundamental de misericordia. Todos necesitan misericordia y su proclamación toca todos los corazones humanos en su hora de necesidad.